Ecologías simbióticas afroindígenas: recuperación archivística de una exposición sobre racismo ambiental en Guerrero

Por Ulises Moreno-Tabarez

Nota editorial / Nota de archivo

Esta publicación recupera Ecologías simbióticas afroindígenas, una exposición colaborativa de investigación-creación presentada originalmente en 2021 como parte de Environmental Racism is Garbage: Virtual Research-Creation and Art Symposium. El simposio reunió a artistas, activistas, curadores, teóricos e investigadores que trabajaban en torno a la salud ambiental, las injusticias racializadas, los residuos, la crisis ecológica, la justicia social y la experiencia vivida. Nuestra contribución fue desarrollada por artistas, activistas e investigadores de Guerrero, México, con especial atención a la Costa Chica y a las relaciones afroindígenas que conectan Cuajinicuilapa, Ometepec, Xochistlahuaca/Suljaa’, La Montaña y los sistemas hídricos que mantienen unidos estos territorios.

El archivo original del simposio ya no está disponible públicamente en la misma forma. Esta publicación en City funciona, por tanto, como una recuperación pública de nuestra exposición: una manera de preservar el video, contextualizar la colaboración y hacer visible un conjunto de trabajos que anticipó muchas de las preocupaciones que posteriormente darían forma a Coastal Commons. Debe leerse no como una nueva publicación de 2021 ni como una reproducción exhaustiva de la exposición original, sino como una recuperación editorial y curatorial realizada en 2026 de un archivo digital colaborativo.

Una geografía fluvial del racismo ambiental

Ecologías simbióticas afroindígenas surgió de un trabajo colaborativo continuo entre artistas, activistas e investigadores preocupados por el racismo ambiental en Guerrero, México. Nuestro punto de partida compartido fue la Costa Chica, una geografía afroindígena moldeada por largas historias de esclavitud, colonialismo, racialización, defensa del territorio, cuidado ecológico y violencia territorial.

El proyecto se centró en los impactos socioculturales y ecológicos de la minería extractiva en México, Guerrero y la región Costa-Montaña. En lugar de tratar la minería como una actividad industrial aislada, la exposición abordó la extracción a través del agua, la memoria, la vida espiritual y la interdependencia regional. La minería en La Montaña no permanece en La Montaña. Sus posibilidades tóxicas viajan a través del suelo, la piedra, el aire, la lluvia, los acuíferos, los cauces fluviales y los arreglos políticos. En nuestro trabajo, el río San Pedro —también conocido en relación con Xochistlahuaca/Suljaa’— se convirtió en el hilo conductor para pensar estas conexiones. Desde las regiones altas de la montaña, el agua fluye por territorios indígenas, llega a Xochistlahuaca, pasa hacia Ometepec y continúa hasta Cuajinicuilapa y la costa del Pacífico.

El río no era solamente un recurso natural o un rasgo geográfico. Era, y sigue siendo, una relación viva. Transporta alimento, medicina, memoria, ritual, amenaza, conflicto, cuidado e imaginación. Conecta comunidades que con frecuencia son tratadas por separado mediante categorías estatales, fronteras municipales o lenguajes disciplinarios. En este sentido, la exposición invitaba a pensar con el río: a comprender la geografía como una práctica relacional, donde las raíces están ligadas a las venas, los ríos a las emociones y el daño ambiental a las largas persistencias del capitalismo racial.

Investigación-creación como defensa territorial

La exposición fue producida en diálogo con el trabajo de César Catsuu López, Keila Amayrani Martínez Martínez y Ayde Rodríguez López. Sus prácticas no ilustran una teoría desde afuera. Son, en sí mismas, formas de teoría, registro, resistencia y conocimiento territorial.

La obra de César Catsuu López aborda la defensa social, política, cultural y espiritual del territorio Ñomndaa. Su práctica visual responde a la explotación del agua, los bosques, los materiales pétreos y los minerales, al tiempo que destaca la fuerza de la organización comunitaria y la relación espiritual entre el territorio y el entorno natural. En la exposición, sus imágenes presentaban objetos rituales, machetes, ornamentos y pinturas como presencias de defensa territorial. Rechazan la reducción de la tierra a propiedad y de los ríos a recursos explotables. Invitan a ver el río como un sujeto de relación y no simplemente como paisaje.

La obra de Keila Amayrani Martínez Martínez también surge de la defensa del territorio Ñomndaa. Su contribución documenta sitios ecológicos, culturales y comunitarios que otorgan a Xochistlahuaca/Suljaa’ su significado territorial. Su práctica registra las amenazas representadas por los poderes caciquiles, los intereses extractivos y las empresas mineras extranjeras, pero también insiste en la continuidad de los saberes comunitarios, las raíces culturales y la responsabilidad indígena hacia la tierra y el agua. En esta recuperación archivística, su trabajo ayuda a situar la exposición dentro de una lucha más amplia sobre aquello que puede ser defendido, recordado y transmitido.

Ayde Rodríguez López, artista autodidacta originaria de Comaltepec, municipio de Cuajinicuilapa, aporta un lenguaje visual afromexicano de mito, territorio e interdependencia más allá de lo humano. Sus pinturas exploran las relaciones entre los pueblos afromexicanos, los ríos, la vegetación, los océanos, los animales y los mundos espirituales. En su obra, los animales pueden representar personas y las personas pueden portar fuerzas animales, espirituales o ecológicas. Lo físico y lo espiritual no aparecen como ámbitos separados; se atraviesan mutuamente. Sus pinturas amplían así la geografía de la exposición desde el territorio Ñomndaa hacia los mundos de vida afromexicanos de la Costa Chica, mostrando cómo la memoria territorial negra es también memoria ecológica.

Mi papel en el proyecto fue curatorial, editorial y narrativo. Escribí el guion del video, seleccioné y articulé las obras entre sí, realicé la narración en inglés y situé la exposición dentro de debates más amplios sobre ecopolíticas afroindígenas, racismo ambiental y las persistencias de la esclavitud y el colonialismo. En ese momento me había incorporado recientemente a estos movimientos regionales de solidaridad como observador-participante, trabajando mediante métodos etnográficos y participativos para comprender cómo las ecopolíticas indígenas y afromexicanas podían ponerse en diálogo a partir de proximidades compartidas, exposiciones comunes al riesgo y responsabilidades compartidas hacia la vida humana y no humana.

Residuos, minería y las persistencias del colonialismo

El título del simposio, Environmental Racism is Garbage, invitaba a pensar los residuos no simplemente como materia desechada, sino como un síntoma de violencia ambiental racializada. Para nuestro colectivo, esto significó pensar la minería como productora de residuos a través de múltiples temporalidades.

Están los residuos generados por la propia extracción: desechos tóxicos, agua contaminada, cauces alterados, bosques destruidos, suelos dañados y cuerpos enfermos. Pero también existen residuos psíquicos, espirituales y políticos: el tratamiento de los territorios indígenas y afrodescendientes como espacios prescindibles; la reducción de las comunidades a obstáculos; la conversión de paisajes sagrados o comunales en zonas de sacrificio; el abandono de personas cuyas vidas son obligadas a absorber los costos del desarrollo de otros.

La Costa Chica y La Montaña suelen discutirse en términos de pobreza, marginación o déficit de desarrollo. Nuestra exposición rechazó ese encuadre. Abordamos estas regiones como territorios de conocimiento, relación y pensamiento ecológico. La violencia no radica en una ausencia de valor, sino en la negativa persistente de los Estados, los mercados y las élites a reconocer el valor que ya existe allí: el valor de la vida comunitaria, de las prácticas de subsistencia, de las obligaciones rituales, de los ríos, las plantas medicinales, los animales, las lenguas, la memoria oral y la soberanía territorial.

La minería aparece así como un capítulo más dentro de una historia más larga. Las persistencias de la esclavitud y el colonialismo continúan a través del despojo territorial, la clasificación racial, la extracción de trabajo, el abandono ambiental y las arquitecturas legales que ponen los territorios indígenas y afrodescendientes a disposición de la explotación. Enfrentar el racismo ambiental, entonces, no consiste únicamente en exigir una mejor gestión ambiental. Implica confrontar las estructuras históricas que deciden qué tierras pueden ser dañadas, qué aguas pueden ser envenenadas, qué dolores pueden ser ignorados y qué futuros pueden ser sacrificados.

Duelo ecológico y el trabajo de la memoria

Paralelamente a la exposición, también desarrollaba una presentación sobre el duelo ecológico y el luto ecológico. Ese trabajo partía de una escena en Xochistlahuaca: personas reunidas para compartir historias, alimentos y rituales en la víspera de San Marcos, esperando la primera lluvia de la temporada. Las nubes llegaron, cargadas de promesa, pero la lluvia no cayó. La decepción no era solamente meteorológica. Era histórica, espiritual y geográfica. ¿Qué ocurre cuando el tiempo ritual y el tiempo climático dejan de encontrarse? ¿Qué sucede cuando las formas heredadas de relación con la lluvia, el río, el cerro y la deidad son interrumpidas por el cambio climático?

En aquel momento pensaba con la noción de espectros de Jacques Derrida: duelo, lenguaje y trabajo. Hacer duelo ecológico no consiste únicamente en lamentar lo perdido. Significa reconocer que el pasado continúa exigiendo algo del presente y que el futuro ya nos está reclamando algo. En Guerrero, el duelo ecológico no puede separarse del colonialismo, la racialización, la militarización, el extractivismo ni del conocimiento íntimo de quienes saben cuándo debería llegar la lluvia y qué significa su ausencia.

Los artistas de Ecologías simbióticas afroindígenas ofrecían un lenguaje para ese trabajo. Sus piezas no se limitaban a representar el daño ambiental. Portaban presencias: espíritus del río, seres animal-persona, relaciones ancestrales, sitios amenazados, heridas territoriales, rechazos comunitarios y futuros posibles. Hacían visible una forma de duelo ecológico que no es pasiva, ni únicamente triste, ni reducible a la desesperación. Es duelo como responsabilidad. Duelo como defensa. Duelo como archivo. Duelo como trabajo.

Lo que preserva este archivo

Esta recuperación en City presenta únicamente una selección curada de los materiales producidos y reunidos a través de la exposición de 2021. El archivo de trabajo más amplio incluye fotografías adicionales, imágenes de obras, notas curatoriales, borradores de guion, materiales de presentación y documentación de procesos. No todos esos materiales se reproducen aquí. Algunos requieren mayor contextualización; otros permanecen bajo el resguardo de los artistas y colaboradores; y algunos se comprenden mejor como parte de un archivo de trabajo que como parte de una exposición pública.

La decisión de publicar selectivamente es, por tanto, deliberada. Responde a una ética del cuidado en torno a la autoría, el consentimiento, el contexto cultural y la responsabilidad editorial. Un archivo público no debe mostrarlo todo simplemente porque puede hacerlo. Debe ayudar a comprender por qué el trabajo importa, de dónde proviene y qué relaciones hicieron posible su existencia.

Lo que esta recuperación preserva es la huella pública de una colaboración: un momento en que artistas, activistas e investigadores de Guerrero ingresaron a un espacio internacional de investigación-creación para hablar sobre racismo ambiental desde la Costa Chica. También preserva una formulación temprana de una agenda de investigación que posteriormente continuaría a través de Coastal Commons, City Journal Online y otros proyectos colaborativos dedicados a los urbanismos afroindígenas, las geografías litorales, el agua, el ritual, la memoria, el desastre, la justicia ambiental y los archivos comunitarios.

Continuar el trabajo

Volver a esta exposición en 2026 no es un acto de nostalgia. Es una forma de reconocer la continuidad. Muchas de las preguntas que animaron Ecologías simbióticas afroindígenas siguen siendo urgentes: ¿Quién tiene derecho a definir el valor de un río? ¿Cómo desplazan los proyectos extractivos el daño a través de distintos territorios? ¿Qué formas de conocimiento portan artistas, tejedoras, narradores, especialistas rituales, campesinos, pescadores y defensores comunitarios? ¿Cómo puede un archivo honrar el trabajo de quienes defienden la tierra y el agua sin convertir su lucha en espectáculo?

La respuesta que aquí se ofrece es modesta. Recuperamos, contextualizamos y mantenemos el trabajo en circulación. Recordamos que el río San Pedro/Suljaa’ no es una línea en un mapa, sino una relación entre pueblos, aguas, historias y futuros. Recordamos que el racismo ambiental no es un concepto abstracto; se vive a través del cuerpo, el río, el campo, el animal, la pintura, el objeto ritual y la asamblea comunitaria. Recordamos que el arte no está separado de la investigación ni de la política. En territorios marcados por la extracción y el abandono, el arte puede convertirse en evidencia, advertencia, testimonio, pedagogía y defensa.

Esta recuperación archivística es una pequeña contribución a ese trabajo continuo.

city: analysis of urban change, theory, action journal and website provide a conduit for critical academic debates and theoretical development, considering their implications for everyday lives, urban change and action.