Nota editorial sobre la publicación del video
-Ulises moreno-tabarez
Vamos a publicar los videos de esta serie tal como están. Se trata de un documental comunitario realizado con el esfuerzo de estudiantes y voluntarias y voluntarios locales que quisieron presentar este evento a un público más amplio, hablando primero para las y los habitantes del pueblo. La versión actual está en español y ha sido aprobada por las autoridades locales. Sabemos que el material se beneficiará de una edición más profesional, y vamos a seguir trabajando en nuevas ediciones con el conjunto de materiales reunidos colectivamente para el proyecto Coastal Commons, financiado por la Urban Studies Foundation, con referencia de apoyo USF SSA 230311.
Texto original por Keila Martínez martínez y Miguel angel liborio maceda, editado para publicación por el equipo editorial de Coastal Commons.
Desde hace generaciones, las comunidades cargan con heridas históricas y fracturas sociales que cambian de forma, pero no desaparecen. Las huellas del colonialismo y la esclavitud, junto con otras formas de despojo e imposición, dejaron marcas que siguen presentes en las dinámicas sociales, económicas y políticas. No se quedan en el pasado, se transforman y reaparecen en tensiones, desigualdades y silencios que atraviesan el presente.
En ese camino, los procesos de reconciliación importan, no como gestos aislados, sino como prácticas vividas desde la vida comunitaria. En Azoyú, Guerrero, la sanación comienza desde el centro mismo de la comunidad a través de La tradicional llorada, una práctica que cada 6 de octubre convoca a pedir perdón por las ofensas del año. La ceremonia se sostiene con procesiones solemnes acompañadas por bandas musicales, abrazos prolongados, intercambio de ensartas florales y palabras que pronuncian “perdón” y “olvido” por los agravios cometidos.
En un mundo donde a menudo se acumulan agravios y se guardan las palabras de disculpa, La llorada propone otro ritmo. No es un gesto superficial, es un acto de vulnerabilidad colectiva, un ritual donde las lágrimas se convierten en lenguaje de arrepentimiento y las flores en símbolo de paz. Esta práctica recuerda que la fortaleza de una comunidad no radica en la ausencia de conflictos, sino en su capacidad de afrontarlos, dialogarlos y perdonarse para continuar unida. Reafirma identidad, memoria y cohesión social, transmitiendo a las nuevas generaciones el valor del reconocimiento mutuo y la reconciliación.
La organización de la celebración se rige por el sistema de mayordomías y por comités de tradiciones y costumbres, tanto del barrio poniente como del oriente, quienes coordinan las festividades del pueblo. En algunas celebraciones trabajan conjuntamente y en otras por separado, pero siempre con el mismo propósito, preservar las tradiciones y asegurar su transmisión intergeneracional. Esa estructura, hecha de responsabilidades rotativas, acuerdos y trabajo compartido, es parte de lo que mantiene viva la celebración.
Durante el desarrollo del proyecto Coastal Commons colaboramos con la comunidad y presentamos los resultados del video realizado sobre La tradicional llorada, que se lleva a cabo cada año en octubre. En distintas ocasiones nos reunimos con integrantes de la casa ejidal para dialogar sobre el proyecto y acordar la fecha de presentación del material. Se entregaron invitaciones y se organizó un pequeño convivio como muestra de agradecimiento por la hospitalidad y colaboración recibidas.
En ese evento, las y los asistentes compartieron retroalimentación para la reedición del video y manifestaron su interés en una nueva presentación. Además, se acordó realizar la traducción del material al me’phaa, también conocido como tlapaneco, para su próxima difusión. En este proceso colaboraremos con la Universidad Autónoma de Guerrero, particularmente con el área de Sociología, con el fin de fortalecer el componente educativo sobre los procesos comunitarios que dan vida a esta tradición. De esta manera, La tradicional llorada no solo se mantiene como un ritual de reconciliación, también se consolida como un espacio de aprendizaje colectivo, memoria histórica y construcción comunitaria. Publicar el video ahora, tal como está, forma parte de ese compromiso, devolver el material a la comunidad, compartirlo con públicos más amplios, y seguir trabajando de manera cuidadosa y colaborativa en las siguientes ediciones.
Proyecto y apoyo:
Coastal Commons, financiado por la Urban Studies Foundation, referencia de apoyo USF SSA 230311, en colaboración con la Universidad Autónoma de Guerrero.
Créditos
Participantes comunitarios, mayordomías y comités locales de tradiciones y costumbres, gracias por su hospitalidad, orientación y autorización para compartir este trabajo.
Filmación y edición:
Miguel Liborio Macedo and Ulises Moreno-Tabarez Cámara y sonido: Cecilia Ruz, Heidy Maciel, Ulises Moreno-Tabarez, Marilú Herrera, Fatima Cardenares, Keila Martínez, Concepción López, and Eduardo Hernández.
Traducción y subtítulos: Miguel Liborio Macedo
Lugar
Azoyú, Costa Chica, Guerrero, México
In preparation, Miguel Ángel Liborio Maceda, Dr Ulises Moreno Tabarez and I trained in community video production through courses supported by the National Centre for the Arts, including Cineregistro and Drone Cinematography. With this training, and following the recommendations of community leaders, we invited young people to take part. Participation was modest, and this raises important questions for us about how to foster more sustained youth engagement in future projects. Nevertheless, those who joined committed fully to the process.
The project also benefited from the collaboration of Dr Dulce María Quintero Romero and Dr Rocío López Velazco, Coordinator of the Master’s Programme in Sustainable Development Management.
Although we had access to professional equipment and technical knowledge, the young participants chose to work with the technology available to them. They used their own mobile phones and followed their own creative process. This was their first experience producing a community documentary, and the video reflects that experimental beginning. Our role centred on developing guiding questions and supporting reflection. They led the filming, editing and narration, working in both Spanish and their mother tongue, Ñomndaa. Through this bilingual approach, the multidimensional nature of energy injustice became even more visible.
From a human rights perspective, recurring power cuts constitute more than an inconvenience. The United Nations recognises access to information as a fundamental right. When electricity fails and internet access disappears, students cannot connect or complete assignments. As the young participants explain in the video: research becomes more difficult without internet access; ironing clothes becomes impossible; classes are sometimes cancelled. The consequences are practical, educational and emotional.
This video is the result of an imperfect, experimental and deeply communal process. It does not aspire to technical polish. Rather, it reflects the determination of young people to document their reality using the tools at hand. Through this first attempt at community documentary making, they offer a powerful account of the complexity of energy justice in Xochistlahuaca. ultimately, the participating youth chose to present only one version of the video in the native language (ñomdaa) and have subtitles in spanish only. we offered to translate to English, but they declined since they wanted full control of the video and its content.





